CUANDO LA EMPATÍA SE QUEDA FUERA DEL FORO
- Dr. Armando Arredondo

- hace 16 minutos
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Durante más de quince años he acudido, de manera constante y comprometida, a un programa de televisión para hablar de salud mental. Lo hice siempre desde un lugar de servicio, colaboración y responsabilidad profesional, siempre sin más retribución que la posibilidad de aportar algo útil a la audiencia.
Nunca antes había sido cuestionada mi presencia ni las condiciones en las que acudía a dar una entrevista. Hasta ese día, oh si, nunca se me olvidará.
Ese día acudí acompañado de mis hijos. No era la primera vez que lo hacía. Son niños tranquilos, respetuosos, capaces de esperar en silencio mientras su padre trabaja. Sin embargo, en esta ocasión, se me prohibió el ingreso con ellos. La indicación fue tajante, carente de explicación y, sobre todo, carente de humanidad.
Lo que más dolió no fue la norma, las normas existen, las reglas son claras y están para cumplirse no para cuestionarse, sin embargo, lo que dolió fue la forma.
La ausencia total de empatía. La imposibilidad de escuchar. La falta de sensibilidad ante una realidad que muchos padres y madres vivimos:
Conciliar la vida profesional con la crianza, sin redes de apoyo inmediatas y sin privilegios invisibles.
Resulta profundamente paradójico que este acto de exclusión haya venido de una mujer.
No porque las mujeres deban ser inherentemente empáticas, sino porque socialmente se espera —y se exige— que quienes han experimentado o acompañado procesos de cuidado puedan comprenderlos.
Esperaba diálogo. Esperaba comprensión. Esperaba humanidad. No la encontré.
Ante la negativa, tomé una decisión clara: si mis hijos no entraban, yo tampoco. No como un acto de confrontación ni rebeldía, sino como un límite. Un límite sano. Finalmente, se me permitió el acceso.
La entrevista transcurrió con profesionalismo, respeto y sin ningún inconveniente.
Mis hijos no interrumpieron, no molestaron, no fueron un problema. Nunca lo han sido, pero lo que pasó después vaya que no me lo esperaba, lo pensaba, pero no creí que ocurriría.
Lo que vino después fue un silencio que también violenta. Ya no hubo más llamadas. Ya no hubo más invitaciones. Un veto no declarado, pero evidente. Así opera muchas veces la violencia institucional: sin palabras, sin explicaciones, sin responsabilidad.
Esta experiencia me llevó a reflexionar profundamente sobre cómo seguimos reproduciendo prácticas excluyentes, incluso en espacios que dicen promover el bienestar, la salud mental y los valores humanos.
¿Qué mensaje se envía cuando se penaliza a alguien por ejercer su rol parental?
¿Qué se les enseña a los niños cuando presencian que el trabajo de su padre puede ser desvalorizado por circunstancias humanas y legítimas?
Hablar de salud mental no es solo hablar de diagnósticos o teorías. Es hablar de empatía, congruencia y ética. Es reconocer que detrás de cada profesionista hay una persona, una historia, una familia.
Hoy escribo esto no desde el rencor, sino desde la responsabilidad de nombrar lo que duele. Porque callar también normaliza. Porque poner límites también es salud mental. Y porque nuestros hijos aprenden, sobre todo, de cómo defendemos nuestra dignidad, puedo decir también que mi presencia en diversos medios de comunicación sigue vigente pero donde inicié en este ámbito a quien consideré mi casa hoy he de decir que ya no lo es, también hay que reconocerlo y aceptarlo, por ahora cierro un ciclo en este medio al que tanto di, al que no le debo nada al contrario me deben y mucho y no hablo monetariamente sino desde mi disposición siempre de sacar adelante lo que necesitaban.
Si deseas informes y/o terapia conmigo puedes contactarme vía WhatsApp en la siguiente dirección: https://unasolucion.com.mx/armando-arredondo/ o envíame mensaje a través de Facebook me encuentras como Armando Arredondo Paredes.
A T E N T A M E N T E
Armando Arredondo Paredes
Doctor Honoris Causa. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta Individual y de Pareja. Conferencista Internacional Certificado. Analista en Radio y Televisión.







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