COMIDA, EMOCIONES Y RECUERDOS: ¿POR QUÉ PLATILLOS TÍPICOS COMO POZOLE, TAMALES Y CHILES EN NOGADA PUEDEN DESPERTAR RECUERDOS Y SENTIMIENTOS DE PERTENENCIA?

En el marco de las Fiestas Patrias en México y la reciente conmemoración de la Independencia, las calles y los hogares se llenan de colores, música y, sobre todo con platillos típicos de nuestra cultura que nos reconectan con nuestras raíces, más allá de los adornos y el entusiasmo patrio, la gastronomía ocupa un lugar central en estas celebraciones, ya que los platillos típicos de nuestro país como el pozole, los tamales o los chiles en nogada, van mucho más allá del disfrute gastronómico, puesto que actúan como catalizadores psicológicos que activan la memoria e intensifican el sentido de pertenencia. Así pues, desde una perspectiva neurobiológica, los sentidos como el olfato y el gusto poseen un acceso directo e inmediato a la amígdala y al hipocampo, las cuales son estructuras cerebrales encargadas de procesar las emociones y almacenar los recuerdos, es por esta razón que, al probar un platillo conocido, el cerebro desencadena una respuesta involuntaria que provoca al instante recuerdos del pasado, trasladándonos a momentos clave de la infancia y de un entorno familiar.
En ese sentido, se suma el aprendizaje sociocultural acumulado desde la niñez, pues acostumbramos a comer estos alimentos en fechas conmemorativas y ritos comunitarios, como cuando consumimos el pozole en las festividades decembrinas, los tamales en febrero o los emblemáticos chiles en nogada en las fiestas de septiembre; es así que, con los años, la psique humana asimila estos sabores y los vincula con conceptos de calidez, alegría, seguridad e integración, es por ello que basta un solo bocado para reactivar la carga emocional de estos festejos, convirtiendo al platillo en un símbolo de la identidad colectiva que reafirma la seguridad de formar parte de una historia y una cultura compartidas ("esto es parte de lo que soy"). Asimismo, el valor cultural de esta gastronomía no está únicamente en su consumo, sino en el proceso social de su preparación, ya que platos tan representativos como los tamales suelen elaborarse de forma comunitaria, convocando a varios miembros de la familia alrededor de la cocina durante horas, esta dinámica participativa no solo funciona como un canal para transmitir recetas, sino que opera como un ritual intergeneracional donde se enseñan valores, se tejen lazos afectivos y se heredan tradiciones orales, así, la elaboración colectiva transforma la cocina en un espacio de identidad cultural y unión familiar.
Por lo tanto, en estas fechas de encuentro nacional, la memoria gastronómica trasciende de la simple nostalgia por el ayer; se constituye como un recurso psicológico activo para la preservación de la identidad puesto que comer nuestros platillos tradicionales nos brinda un refugio emocional que ayuda a combatir el aislamiento, amortigua el impacto de la soledad y reconforta a las personas, especialmente cuando se encuentran lejos de su tierra natal o cuándo se encuentran lejos de su hogar.




Comentarios