top of page
  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco
  • YouTube - círculo blanco

CUANDO EN PAREJA, EL CUIDADO TAMBIÉN SE DIRIGE AL HOMBRE

  • Foto del escritor: Dr. Armando Arredondo
    Dr. Armando Arredondo
  • hace 24 horas
  • 2 Min. de lectura


En el imaginario de muchas relaciones de pareja heterosexuales, persiste una idea silenciosa pero poderosa: el hombre debe ser quien provea, sostenga, resuelva y anticipe las necesidades emocionales de su pareja. Se espera que esté atento, disponible y fuerte, mientras que pocas veces se cuestiona quién cuida de él, quién le pregunta cómo está o qué necesita. Esta dinámica, normalizada durante años, no solo es injusta, sino profundamente desgastante para la relación.


En algunas parejas, la mujer permanece a la espera de que el hombre brinde todas las atenciones, adivine estados emocionales y cubra necesidades no expresadas. Sin embargo, una relación sana no se construye desde la exigencia silenciosa, sino desde el diálogo.

Al hombre también es importante preguntarle qué necesita, escucharlo con atención, apapacharlo y hacerlo sentir tomado en cuenta.


El cuidado emocional no debería ser unidireccional.


Decirle a un hombre que se vale sentir miedo, tristeza o cansancio sigue siendo, en muchos contextos, un acto casi revolucionario. A muchos se les enseñó que llorar es sinónimo de debilidad y que expresar emociones los hace menos valiosos. Cuando dentro de la relación tampoco encuentran un espacio seguro para mostrarse vulnerables, el vínculo se convierte en un lugar de exigencia constante y no de crecimiento compartido.


Desde la práctica clínica, como psicólogo, es frecuente encontrar casos en que los hombres terminan emocionalmente anulados por las demandas de su pareja. Sus necesidades pasan a segundo plano y su valor queda reducido, en muchas situaciones, a lo económico. Se les ve como proveedores, no como compañeros emocionales. Esta visión limita profundamente la relación y deteriora la autoestima y la identidad del hombre dentro del vínculo.

Otra situación recurrente es la exclusión del hombre en la crianza de los hijos.


Aún hoy, algunos hombres no son considerados capaces de cuidar, educar o acompañar, incluso cuando expresan el deseo de involucrarse. En ocasiones, aunque no tengan todas las herramientas, tampoco se les da la oportunidad de aprender ni se les integra de la forma que sea posible. En la crianza compartida no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo juntos y de aprender juntos.


Una relación de pareja sana implica reconocer que ambos tienen necesidades emocionales, miedos, inseguridades y límites.


El crecimiento en pareja ocurre cuando el apoyo es mutuo, cuando ambos se sienten escuchados, valorados y acompañados.


Esperar que solo uno sostenga emocionalmente la relación genera desequilibrios que, tarde o temprano, pasan factura.


Hablar de corresponsabilidad emocional no significa restar importancia a las luchas históricas de las mujeres ni invisibilizar las desigualdades existentes. Significa ampliar la mirada y reconocer que los hombres también necesitan espacios de cuidado, validación y escucha. El amor no debería vivirse desde la demanda constante, sino desde la disposición genuina de crecer juntos.


Tal vez el reto actual en las relaciones no sea solo aprender a amar, sino aprender a caminar en ambas direcciones, aunque los intereses sean diferentes.

Preguntar, escuchar, acompañar y validar al otro es una forma de construir vínculos más humanos, más justos y más sanos.

 

Psicólogo Armando Arredondo Paredes Psicoterapeuta individual y de pareja



A T E N T A M E N T E



Armando Arredondo Paredes


Doctor Honoris Causa. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta Individual y de Pareja. Conferencista Internacional Certificado. Analista en Radio y Televisión.

Comentarios


© 2023 by Phoenix Bulldogs Team. Proudly created with Wix.com

bottom of page